Países de renta media y su camino al desarrollo sostenible

13 jun 2013

Yoriko Yasukawa - Coordinadora Residente ONU/Representante Residente PNUD

En estos días se realiza en San José, la Conferencia de Alto Nivel: Desafío para el desarrollo sostenible y la cooperación internacional en los países de renta media, auspiciada por el Gobierno de Costa Rica y la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (ONUDI).

Costa Rica es uno de los 108 países que califican como naciones de renta media, según los criterios del Banco Mundial. Se trata de países de todas las regiones del mundo, de diferentes tamaños, culturas y economías, que han impulsado diversas modalidades de desarrollo.

Durante los últimos años, se ha notado un creciente reconocimiento, tanto entre los líderes políticos del mundo como entre la ciudadanía en general, de que las naciones del Sur en su conjunto, y en particular los países de ingresos medios, están jugando un papel cada vez mayor en la política, la economía y la cultura a nivel mundial.

Este reconocimiento se origina en parte del notable crecimiento económico de los países de renta media más grandes – China, India y Brasil.

Pero el creciente protagonismo de las economías del Sur va mucho más allá de estas tres potencias. Entre 1980 y 2010, la participación de los países en desarrollo en su conjunto en el comercio internacional de mercancías aumentó del 25% al 47%, y su participación en la producción mundial pasó del 33 % al 45%. Y han sido los países de renta media los que han tenido el mayor protagonismo.

Además del ámbito económico, los países del Sur, y en particular los de renta media, han venido ejerciendo un papel más protagónico en el planteamiento de nuevas alternativas en el debate mundial sobre modelos de desarrollo y de democracia.

Esto ha servido para enriquecer a la humanidad – no sólo materialmente sino porque ha ampliado nuestra visión y nos ha obligado a cuestionar nuestra manera de pensar en el mundo y en el desarrollo.

Ante este nuevo panorama mundial que nos ofrecen los países de renta media, Naciones Unidas, desde su misión de impulsar procesos de desarrollo que estén en armonía con la naturaleza y que garanticen los derechos humanos de todos y de todas, y que así construyan a una mejor convivencia, hace un llamado: que entre todos reflexionemos sobre cómo los países de renta media pueden avanzar más hacia este objetivo, a la vez que se dé el apoyo requerido por los países más pobres a avanzar en este mismo camino.

En este sentido, es muy acertado que la Conferencia de Alto Nivel se lleve a cabo en Costa Rica, un país que ha sido pionero en optar tempranamente por el camino de la paz, la democracia y el respeto a los derechos humanos, y un proceso de desarrollo que ha alcanzado altos niveles de acceso a servicios sociales y de desarrollo humano.

Al ver el panorama mundial de los países de renta media, por un lado hay mucho que celebrar. Además del significativo crecimiento económico de los países, muchos también han logrado rápidos y significativos avances en el desarrollo humano. Entre ellos hay países grandes como Brasil, China, India, Indonesia, México, Sudáfrica y Turquía, pero también economías más pequeñas como Bangladés, Chile, Ghana, Mauricio, Ruanda, Tailandia, Túnez y Costa Rica.

Y estos avances se deben en gran parte a estados proactivos que han impulsado no solamente el crecimiento económico, sino innovaciones en las políticas sociales que han arrojado lecciones valiosas incluso para los países más desarrollados.

Sin embargo, al mismo tiempo, los países de renta media enfrentan grandes retos.

A pesar de los grandes avances en el desarrollo humano, la pobreza y las brechas en la atención a la salud y la educación siguen siendo temas pendientes. De hecho, datos del Banco Mundial indican que para el año 2010 casi uno de cada 5 personas en los países de renta media vive en la pobreza extrema. Y se estima que en 2011 más de 36 millones de niños y niñas de estos países se encontraban fuera del sistema educativo.

La buena noticia es que en la mayoría de las regiones, se ve una tendencia de reducción en la desigualdad de acceso a la salud y la educación. Sin embargo, se ve una creciente desigualdad en la distribución de los ingresos.

Y esta inequidad en la repartición de la riqueza a su vez daña la convivencia. De hecho, América Latina, que sigue siendo la región más injusta en el mundo en cuanto a la distribución de ingresos, también es la más violenta.

En el fondo, se trata del reto de impulsar procesos de desarrollo que incluyan a todos y a todas. Esto significa, además de distribuir equitativamente la riqueza material de los países, también combatir la discriminación por razones de género, etnia, cultura, religión, ideología, orientación sexual o cualquier otra diferencia, que excluye a las personas de una participación plena en la vida económica, social y política de los países.

También sigue siendo un desafío la búsqueda de modelos de desarrollo que protejan el medio ambiente y combatan el cambio climático. En este tema, de la misma manera que aplicaron políticas económicas y sociales heterodoxas e innovadoras para lograr altos niveles de crecimiento y avances en el desarrollo humano, los países de renta media pueden impulsar innovaciones tecnológicas que permitan una mayor armonía entre el desarrollo y la naturaleza, y también generar desde su gran riqueza cultural y espiritual, visiones de desarrollo distintas a la que ha llevado a la humanidad al borde de la destrucción de su planeta. Costa Rica de hecho ofrece experiencias inspiradoras, por ejemplo el gran éxito de su esfuerzo de reforestación que ha alcanzado más del 50% de cobertura forestal del país.

Otro desafío es el fortalecimiento de la participación ciudadana en las decisiones políticas que afectan sus vidas. Hoy en día, la gente, y en particular los jóvenes, protestan la falta de posibilidades para incidir en sus propios futuros y el de sus países. Esta protesta puede tomar la forma de rechazo a la participación política, por ejemplo en altos niveles de abstencionismo en las elecciones, y también de manifestaciones a veces violentas en las calles. Es importante que los gobiernos y las sociedades de los países de renta media trabajen conjuntamente para abrir espacios y canales para que, por un lado, los ciudadanos y ciudadanas se expresen, y, por otro lado, los líderes políticos les escuchen y reflejen las diversas visiones de la gente en las políticas públicas. Sólo así los caminos de desarrollo serán de, y para todas las personas.

Y frente a estos diversos desafíos que los países de renta media enfrentan, el reto para la comunidad internacional – incluido el Sistema de Naciones Unidas – es cómo colaborar en la superación de estos desafíos.

El éxito de muchos de los países de renta media en el ámbito económico, de desarrollo humano y de la protección del medio ambiente, nos dice también que la cooperación vale la pena – produce resultados importantes para estos países y también para el mundo.

También debemos buscar diversas modalidades de cooperación más allá de la tradicional cooperación norte-sur, incluyendo la cooperación sur-sur y alianzas con el sector privado.

La cooperación por supuesto no se trata sólo del aporte de recursos económicos, sino de compartir experiencias, ideas e inspiración. Esperamos que entre todos — países de renta media, países donantes y los organismos internacionales –podamos aprovechar al máximo las oportunidades para las diversas modalidades de cooperación, como la que nos ofrece la actual Conferencia de Alto Nivel.