Energía e infraestructura costarricenses con importantes retos ante el cambio climático

11-jun-2014

San José. En Costa Rica el 72% de la electricidad producida en 2012 se obtuvo a partir de la energía hidráulica, sin embargo a nivel mundial un 86,9% de la energía primaria consumida en ese mismo año provino de fuentes fósiles de energía (petróleo, carbón y gas natural) que producen gases que contribuyen al calentamiento global, lo que representa una gran oportunidad para el país ante el cambio climático según el estudio “Integración de actividades y estudios de seguridad energética (énfasis en generación hidroeléctrica) ante el cambio climático” realizado en el marco del proyecto “Tercera Comunicación Nacional” por el Instituto Meteorológico Nacional (IMN), con el apoyo del Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF) y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

El estudio proyecta que los efectos del cambio climático en el norte de Centroamérica serán más severos y debido a que esta región no cuenta con los recursos de energía renovable que les permita suplir las necesidades futuras de electricidad, Costa Rica podría visualizar una oportunidad de convertirse en un exportador de electricidad, cuyas ganancias permitirían la recuperación de la cobertura boscosa en al menos 1 millón de hectáreas.

Según el estudio, si en Costa Rica se desarrolla el parque de generación de energía únicamente para abastecer la demanda nacional, el cambio climático a largo plazo, podría generar pérdidas entre 200 y 314 millones de dólares por año y la generación térmica en el año 2080 podría alcanzar el 15% si no se recurre al aprovechamiento de los recursos de energía renovable existentes en el país.

Impacto del cambio climático en el sector energético nacional

El aumento en la temperatura puede provocar un cambio en los hábitos de consumo de energía de los costarricenses, así como cambios en las condiciones meteorológicas que a su vez podrían generar variaciones en los caudales máximos de los ríos.

Por lo anterior, es de esperar que los incrementos en la temperatura provocados por el cambio climático afecten el consumo de energía. Las principales afectaciones esperadas incluyen un incremento en el uso de aires acondicionados, un aumento en el consumo eléctrico de refrigeradoras, una reducción en el consumo eléctrico para calentamiento de agua, mayor demanda eléctrica por la instalación de piscinas y un incremento en el consumo eléctrico industrial asociado a los equipos de los sistemas de refrigeración y de agua de enfriamiento.

“El cambio climático está aumentando las vulnerabilidades de la sociedad costarricense, obligándonos a salir de la zona de confort en la cual hemos estado, pero al mismo tiempo, puede representar una oportunidad para que la sociedad costarricense busque la unidad entorno a estrategias creativas e innovadoras para re-construir un país que garantice una vida digna, plena y libre, y a la vez en armonía con la naturaleza, para todos y todas”, señaló Kryssia Brade, representante auxiliar del PNUD.

Dadas las condiciones climatológicas de Costa Rica, las proyecciones de su población y su modelo de desarrollo el estudio analizó el comportamiento de las 9 cuencas hidrográficas con más potencial de generación a futuro y señala las estimaciones de la afectación en la generación, de acuerdo con el tipo de planta. Las que son de filo de agua, se considera una afectación mensual, mientras que para las que poseen embalses se procede a promediar la afectación en la cantidad de meses anteriores de acuerdo con la capacidad del embalse.

En los dos escenarios descritos el incremento en la demanda y la reducción de los caudales de los ríos provocaría en el 2080 un gasto adicional de hasta US$ 674 millones por año, debido a que en ambos casos se requiere la generación térmica para cubrir las necesidades.

Una de las medidas más serias es considerar el diseño adecuado de las represas y sus sistemas de remoción de sedimentos, con el fin de evitar la afectación por el incremento de las escorrentías, lo cual podría reducir la confiabilidad de todo el sistema de generación. De acuerdo al análisis, en las cuencas donde existe o se ha recuperado la cobertura boscosa se muestra menos afectación por los impactos del cambio climático.

Por último, contempla un mayor aprovechamiento de los recursos energéticos nacionales lo que permitiría la exportación de electricidad reduciendo las emisiones regionales de CO2.

Infraestructura costarricense ante el cambio climático

Según resultados preliminares del inventario de gases de efecto invernadero con año base 2010 realizado por el IMN, el sector de transporte en el país es el mayor emisor de gases de efecto invernadero, pero no por ello el menos vulnerable, tal y como lo muestra el estudio “Vulnerabilidades de la infraestructura al cambio climático”.

El estudio es un esfuerzo por encontrar oportunidades para enfrentar el cambio climático a través de medidas de adaptación en los sistemas de la infraestructura en el país y señala que en el caso de Costa Rica las altas precipitaciones tradicionales, la topografía quebrada y orografía del país implican amenazas naturales importantes desde siempre, donde la sociedad costarricense ha tenido que tomar en cuenta estas realidades y ha aprendido a reaccionar con rapidez ante estos eventos que ocurren todos los años en algún punto del territorio.

Sin embargo, en la inmensa mayoría de los casos la sociedad costarricense repara, pero no mejora; logra recuperar la situación anterior parcialmente pero no logra fortalecer adecuadamente los sistemas de infraestructura, ni las inversiones públicas y ni privadas para que sean más capaces de responder ante eventos similares en el futuro, lo que muestra que no se aumenta la resiliencia de los sistemas después de que ocurren los daños y el desastre. 

Vulnerabilidades de la infraestructura costarricense

El estudio realiza una recopilación del grado de vulnerabilidad de la infraestructura, donde señala las limitaciones que tiene, no por su extensión que es enorme dado el nivel de desarrollo y tamaño del país, sino por sus deficiencias y vulnerabilidades, como por ejemplo las carreteras que fueron diseñadas suponiendo algunos deslizamientos “de estabilización” después de su apertura y las inversiones en sistemas viales que han sido insuficientes y no muy efectivas por décadas.

“En general en el sistema predomina su estructura radial con centros nacionales y regionales. San José domina con casi todas las carreteras importantes entrando o saliendo del cantón central, y algo similar ocurre con las rutas de buses. Por otro lado, las tres capitales provinciales de la GAM tienen también su sistema radial y muchas ciudades secundarias importantes sean o no capitales de provincia son centros importantes de vías y rutas de buses”, explicó Eduardo Vega, uno de los autores del estudio.

Según señala el estudio una red ideal para dotar de redundancia y alternativas al sistema es una retícula en donde además de las vías radiales, existen otras que no pasan por el centro del país y que brindan posibilidades de interacción entre zonas periféricas sin pasar por el centro, donde se reconoce que el país ha avanzado algo en ese sentido con la costanera central y sur (34) y la vía (4) en el norte.  

Medidas de adaptación

El estudio permite un análisis de recomendaciones y plantea que existen opciones de adaptación del sector ante el cambio climático como el crear métodos para identificar y corregir las vulnerabilidades físicas de los sistemas de infraestructura, así como generalizar el conocimiento entre actores locales para que sean verdaderos “fiscales territoriales” que vigilan los cambios en los sistemas naturales.

Además, el estudio considera fundamental aumentar el conocimiento sobre el cambio climático y sus impactos en las diferentes zonas del país, así como clarificar las particularidades de Costa Rica que definen el vector de amenazas específico para cada región y subregión.

El estudio señala que es necesario prepararse para que cada evento y cada componente de infraestructura dañado se conviertan en una oportunidad de mejorar la resiliencia de los sistemas y ciudades ante eventos hidrometeorológicos de gran magnitud. Esto también se puede llamar planificación contingente para sistemas de infraestructura.

Por otro lado, el estudio plantea la necesidad de buscar sinergias entre las tareas tradicionales de la sociedad costarricense y el cambio climático, como enfrentar amenazas naturales, avanzar en reducir la pobreza y la desigualdad, invirtiendo en las comunidades más vulnerables que están sometidas a un círculo vicioso de vulnerabilidad y pobreza acentuada por los amenazas hidrometeorológicas, un mejoramiento paulatino de la infraestructura, reducir los problemas de inundaciones en la ciudades, realizar cambios en las actividades productivas y un reacomodo de la población hacia zonas más seguras.

 

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