La realidad
del cambio climático

“Arrasó con furia. Eso es lo que parecía. Cuando se voló el techo, hubo unos horribles chillidos, un ruido espantoso. Fue devastador y todos tuvimos que huir”.

La casa de Primrose quedó destruida, junto con el 90 por ciento de las viviendas y edificios de Barbuda. Poderosos huracanes arrasaron las aldeas costeras y playas vírgenes, llevándose por delante las pertenencias y recuerdos de vida de miles de personas de todo el Caribe.

Flooded house interrior
Primrose's portrait
Flooded house interrior
Primrose's portrait
Primrose Thomas perdió su hogar y sus pertenencias cuando el huracán María, de categoría 5, azotó Barbuda. © Mike Atwood/PNUD

Irma, el huracán más poderoso jamás registrado en el Atlántico, produjo daños catastróficos a su paso por las islas Turcas y Caicos, Bahamas, República Dominicana y Haití. Pocos días después, otro colosal huracán de categoría 5 –María– desató su furia sobre Antigua, Saint Barts, Anguila, Saint Marten y las Islas Vírgenes Británicas. Barbuda y Dominica resultaron destruidas.

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Drone shot of destroyed house
Roofless building
Siete huracanes azotaron el Caribe en solo cinco meses, causando estragos en varios países. © Mike Atwood/PNUD

Fueron borradas del mapa infraestructuras básicas como cables eléctricos, casas y edificios públicos –oficinas gubernamentales, escuelas y hospitales–, fundamentales para la economía y los medios de vida.

Flooded classroom
School building without roof
Las escuelas, hospitales y otras infraestructuras comunitarias quedaron en ruinas. © Mike Atwood/PNUD

Infographic

En comunidades que ya eran vulnerables y estaban al borde de la pobreza, las familias vieron cómo sus casas y todo lo que había en ellas desaparecían en unas pocas horas. Los bosques y principales cultivos, como el coco, bananas y plátanos, quedaron reducidos a rocas y lodo, lo que dejó a muchas personas sin medios para subsistir.

Stray dog
Truck with agricultural production on the street
Broken trees
Destroyed house
Los huracanes afectaron los cultivos y el ganado, dejando a muchas personas sin sus medios de vida. © Mike Atwood/PNUD

Con su isla natal inhabitable, las comunidades de Barbuda se han refugiado en la vecina Antigua, esperando la oportunidad de reanudar sus vidas. Lentamente, algunos han iniciado el regreso, enfrentándose a enormes pérdidas y a un futuro incierto.

Un vínculo evidente

“Acabo de presenciar un nivel de devastación como nunca vi en mi vida”, dijo el Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres, durante una visita a Barbuda después del paso del huracán. Guterres hizo un llamado a la plena movilización de la comunidad internacional para apoyar a las personas de las áreas afectadas, al tiempo que puso énfasis en la necesidad de acelerar las medidas relacionadas con el cambio climático.

António Guterres in front of the destroyed building
António Guterres by the helicopter's window
António Guterres talking to farmer
António Guterres by the damaged house
El Secretario General de la ONU, António Guterres, visitó Antigua, Barbuda y Dominica después de los huracanes Irma y María. © Rick Bajornas/ONU

“Hay un vínculo evidente entre el nivel de los gases de efecto invernadero en la atmósfera, la temperatura del agua y la intensidad de las tormentas”, agregó.

Los habitantes de Barbuda reubicados en Antigua no son los únicos testigos. El cambio climático se está convirtiendo en una de las principales causas de migración forzada en el mundo. “Esta es una razón más para hacer todo lo posible por frenar este movimiento y hacer que la acción climática sea una prioridad importante de toda la comunidad internacional”, dijo Guterres.

Damaged road sign in front of destroyed building
António Guterres se refirió al claro vínculo entre el cambio climático y la intensidad de las tormentas. © Mike Atwood/PNUD

En los últimos 30 años, hemos registrado tres veces más desastres naturales y hemos tenido cinco veces más pérdidas económicas debido a estos eventos. En 2016, más de 24 millones de personas en 118 países y territorios fueron desplazadas por los desastres naturales, tres veces más que los desplazados por conflictos.

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En 2016, más de 24 millones de personas en 118 países y territorios fueron desplazadas por desastres naturales. © Mike Atwood/PNUD

“El cambio climático –como todos los peligros naturales– golpea con particular dureza a los Pequeños Estados Insulares en Desarrollo (SIDS, por su sigla en inglés), a pesar de que históricamente estos países no han contribuido al problema”, afirmó Jessica Faieta, Directora del PNUD para América Latina y el Caribe. “Las desigualdades han exacerbado la vulnerabilidad de las personas al impacto de los desastres y el cambio climático. Reducir la desigualdad, en sus múltiples aspectos, es un camino crucial para no dejar a nadie atrás”.

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Los Pequeños Estados Insulares en Desarrollo se encuentran entre los más afectados por el cambio climático. © Mike Atwood/PNUD

A pesar de las pérdidas materiales y el desplazamiento de personas, la población de las comunidades afectadas no se da por vencida. Wanda Thomas De Souza volvió a abrir su pequeño restaurante poco después de que el huracán María azotara Barbuda. Con casi todos los negocios cerrados, ella ofrece desayuno a quienes trabajan en la reconstrucción de la isla.

Reconstruir mejor

Expertos del PNUD han estado en terreno desde el comienzo en Dominica, Antigua y Barbuda, coordinando los esfuerzos de recuperación de la ONU, apoyando las solicitudes de los gobiernos y desarrollando evaluaciones de necesidades.

Los especialistas en gestión de residuos y eliminación de escombros trabajan codo a codo con funcionarios nacionales y personal de otras agencias de la ONU, poniendo a las comunidades afectadas en el centro de todas las iniciativas. Por ejemplo, los programas de trabajo de emergencia del PNUD proporcionan empleos temporales a quienes han perdido todo, involucrándolos en el proceso de recuperación desde el principio.

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Las comunidades están comenzando a reconstruir mejor con la ayuda de los gobiernos y las agencias de la ONU. © Mike Atwood/PNUD

Alrededor de 100 dominiqueses de diferentes organismos gubernamentales, la mitad de ellos mujeres, han comenzado a evaluar los daños en las edificaciones luego de una capacitación proporcionada por el Gobierno con el apoyo del PNUD y la organización de la sociedad civil 'Ingenieros Sin Fronteras'.

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El daño en edificios clave como escuelas y hospitales es significativo. © Ugo Blanco/PNUD

Cerca de 30 equipos de inspectores evalúan hasta 800 edificios por día utilizando las técnicas aprendidas, a través de una aplicación y una tableta personalizadas proporcionadas por Microsoft. De esta forma recogen información crucial como el nivel de daños, los tipos de material necesarios y el volumen de desechos que habrá que gestionar, así como la cantidad de personas afectadas, agrupadas por edad y género, entre otros datos clave.

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Inspectores capacitados por el Gobierno, el PNUD e Ingenieros Sin Fronteras están evaluando el daño a los edificios. © Ricardo Iglesias y Massimiliano Tozzi/PNUD

“Todos trabajamos día y noche para acelerar el proceso de recuperación, en especial sabiendo que se avecina otra temporada de huracanes dentro de solo ocho meses”, afirma Luca Renda, asesor del PNUD desplegado en Dominica para liderar los esfuerzos de recuperación realizados por todo el sistema de la ONU.

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La pronta recuperación es clave para prepararse para la próxima temporada de huracanes, a solo ocho meses. © Mike Atwood/PNUD

A medida que los países comienzan a reconstruir las infraestructuras esenciales, viviendas y comunidades, el Gobierno de China también apoya las iniciativas del PNUD para reconstruir mejor. El Ministerio de Comercio proporcionó US$ 5 millones de ayuda para la recuperación posterior al desastre. El aporte se utilizará para reparar el techado de los edificios prioritarios, incluyendo las instalaciones gubernamentales, centrándose en Barbuda y Dominica.

Además, la Comisión Europea aportó € 700.000 para apoyar a las familias cubanas afectadas por el huracán Irma.

Sin embargo, esto no es suficiente.

Ocho huracanes azotaron el Caribe en solo cinco meses. La respuesta de la ONU, junto con la determinación de los gobiernos y las comunidades, no basta. Necesitamos una respuesta internacional más fuerte. Es por ello que el 21 de noviembre se llevará a cabo en Nueva York una conferencia con el fin de recaudar fondos destinados a ayudar a las personas afectadas por los huracanes en el Caribe.

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El aporte de China para la recuperación ayudará a reparar el techado de los principales edificios. © Mike Atwood/PNUD

“El daño es humano, en términos de vidas perdidas. Es económico, es social, es ambiental. Pero las personas son increíblemente resilientes. Ya reanudaron sus vidas, pero será necesario un gran esfuerzo y mucha solidaridad para que las comunidades vuelvan a ponerse de pie“, dijo Renda.

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Man working on the roof of the building
Women with food container
Los caribeños son resilientes y están decididos a recuperarse del desastre y reconstruir sus vidas. © Mike Atwood/PNUD

El cambio climático es una realidad, y los desastres naturales y fenómenos meteorológicos extremos podrían convertirse en la nueva realidad en el Caribe y en todo el mundo. Para enfrentar este escenario, necesitamos un compromiso mundial para abordar las necesidades inmediatas, prepararnos para eventos futuros y reducir los riesgos de desastres. Debemos hacer algo más que reparar estructuras destrozadas, debemos forjar comunidades más fuertes, debemos reconstruir mejor.

“En mi población, la mayoría de la gente perdió sus techos, y muchos de ellos también perdieron su ganado: criadores de conejos, de aves de corral, de cabras”, reflexiona Thomas Bell, profesor de matemáticas en Dominica. “Pero los dominiqueses son personas fuertes y resilientes. ¡Construiremos más grande y mejor! Lo haremos. No tenemos más remedio que salir adelante”.

Thomas Bell portrait

“Los dominiqueses son personas fuertes y resilientes. ¡Construiremos más y mejor! No hay duda. No tenemos más remedio que salir adelante”.

- Thomas Bell

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